Toni no
sabía qué iba a hacer, pero fuera lo que fuera, estaba absolutamente decidido a
llevarlo a cabo. Debía darles tiempo a las chicas a cruzar el desvío para
alcanzar el pueblo con el menor riesgo posible. Eso lo tenía claro, pero, ¿cómo
conseguirlo? Pensó inicialmente en una maniobra de distracción, pero después
recordó que las dos veces que lo había intentado, el resultado no había sido exactamente el esperado. Primero, en El
Coto, por poco la explosión acaba con él, y lo que sucedió a continuación nada
tenía que ver con lo que en principio pensaba; más tarde, en Valladolid, junto
al Salón del Reino, cuando por poco acaban convertidos en el desayuno de una
legión de muertos irritados…
Con todo,
y después de darle varias vueltas, lo único que consiguió fue marearse más,
porque la verdad era que no había podido pensar en nada mejor. De modo que lo
de la distracción seguía siendo la idea alrededor de la cual giraba el futuro
del grupo. Bea terminó por reconocer que era impensable dar un rodeo a través
de los montes, por pistas seguramente intransitables incluso para un
todoterreno de las características del Rebeco.
Y eso suponiendo que supieran por dónde ir… Lo más probable era que se perdieran
o agotaran el depósito de combustible antes de llegar a ningún sitio…
Dado que
no podrían pasar de ninguna manera a través de la desviación de la derecha
debido a los vehículos que la taponaban, solo les quedaba la opción de llegar
hasta Munguía, y desde allí enlazar de nuevo con la ruta del NO. Pero eso
implicaba atravesar la marea de deambulantes que también inundaba ese camino
hasta el pueblo. Por eso, la única opción viable era, después de descartar las
demás, la famosa maniobra de distracción.
Toni esperaba que esta vez funcionara. A la tercera…
Dejó a Bea
subida al techo del blindado, atenta a los acontecimientos, mientras él se
perdía a lo lejos poco a poco, hasta que solo fue un punto fundido con el
asfalto. Bea le siguió con los prismáticos, y vio que Toni, antes de entrar en
el campo visual de los primeros muertos, se salía de la carretera, ocultándose
entre la densa vegetación. La enfermera recordó el feo aspecto que tenía el
mordisco del brazo del chico. Había desinfectado la herida de nuevo, pero no
creía que unos antibióticos fueran la solución a una epidemia que parecía a
punto de exterminar a toda la humanidad… Toni no presentaba síntomas evidentes
de la infección, salvo la dilatación de la pupila y la alta temperatura
corporal, que aparentemente no cursaba con el típico estado febril. Sin embargo,
había comenzado a sentir ligeros mareos…
Sumida en
estos pensamientos, había perdido de vista a Toni. Los segundos parecían horas.
Lo único que podía ver era el torpe movimiento de los deambulantes, como una
marea inhumana que fluía adelante y atrás, gimiendo incesantemente… Y entonces,
de repente, la explosión retumbó en el valle rebotando de árbol en árbol,
golpeando de lleno sus oídos al cogerla desprevenida: era la maniobra de
distracción. Una pequeña llamarada se elevó durante un instante a la derecha
del desvío, justo por detrás de donde comenzaba el atasco de vehículos y
muertos.
Ansiosa,
se llevó los prismáticos a la cara, enfocando el espectáculo. No había ni
rastro de Toni, pero su golpe de mano parecía comenzar a surtir efecto, porque
los deambulantes, inmóviles en un principio, comenzaron a encaminarse hacia el
lugar de la explosión, atraídos por el ruido, o por el resplandor, o por el
olor de la pólvora… O, quizá, por todo ello a la vez. De manera progresiva, la
ruta que llevaba al pueblo empezó a despejarse, a medida que más y más muertos
se alejaban de ella. Si allí había tantos, probablemente Munguía no supondría
un grave peligro…
Bea bajó
de dos saltos al suelo y se sentó al volante. Arrancó el motor y aceleró
despacio, dando el suficiente gas para que el pesado vehículo iniciara la
marcha, pero intentando hacer el menor ruido posible. La vida de todos ellos
dependía de su sigilo, de su capacidad de mimetizarse visual y acústicamente con
el paisaje para no llamar la atención de ojos indiscretos.
–Nos vamos
–dijo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario