El
silencio en la capilla solo era perturbado por la respiración entrecortada de
Juan, seguramente debido a alguna pesadilla atroz, fruto del devastador
encuentro con la deambulante el día anterior. Los demás dormían. O fingían
dormir. Pero Bea estaba completamente despierta, desvelada.
–Toni…
El chaval
no tardó ni un segundo en responder. Parecía como si simplemente hubiera estado
esperando la invitación para hablar.
–¿Qué…?
–¿Piensas
alguna vez en todo esto?
–¿Qué es
todo esto?
Susurraban, temerosos de despertar a los demás. O quizá de asustarse con sus
propias voces si las levantaban demasiado. Las aristas de la bóveda que cubría
la cripta brillaban a la luz de las velas como si fueran afiladas hojas de
espadas.
–Lo que le
pasa al mundo, a nosotros.
Silencio.
Toni se tomó un tiempo que a Bea le pareció una eternidad antes de contestar.
–Cada
noche, Bea. Cada noche. Antes de dormirme, si me da tiempo, me digo: «¿Qué es esta mierda? ¿Cómo puede un tío con
las tripas fuera y sin un brazo seguir andando? Y no uno, en realidad, sino
muchos, todos…». Pero no tengo ninguna respuesta… Además, ¿a mí qué?, lo
mismo me da. Solo soy un chaval de barrio sin futuro, ni en el mundo de antes
ni en éste… No importa quién quiera joderme, el caso es que siempre hay alguien que quiere joderme…
Entonces, Toni se
calló, con la etérea sensación de que había hablado en exceso. Con todo, aún tuvo
fuerzas para preguntar.
–¿He
contestado bien?
–Supongo
que sí. Yo tampoco encuentro ninguna explicación… Ni a por qué están los demás
así ni a por qué nosotros seguimos vivos. ¿Somos especiales?
–Seguro
que sí, no hay más que mirarnos, ¿no?
Bea
maldijo entre dientes, tan bajo que Toni, a dos palmos de ella, ni siquiera
pudo entender qué decía, pero parecía una renegadora contumaz.
–¡Mierda!
No sé cómo, pero tenemos que encontrar una salida, tenemos que seguir adelante,
hay que seguir luchando…
De nuevo,
silencio. Toni, que daba por concluida la conversación, tuvo de pronto un
acceso de rabia, contagiado quizá por la ira de Bea, y las palabras comenzaron a amontonarse en su boca.
–¿Cómo se
lucha contra un enemigo insensible al dolor, a la muerte? ¿Cómo se lucha contra
quien no tiene miedo, contra un enemigo al que no le importa cuántos de ellos
caen, con el que no puedes dialogar o establecer una tregua? ¿Cómo se lucha
contra un enemigo ante el que tu única alternativa es huir o morir? …Dime,
¿cómo se lucha contra ti mismo?
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