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lunes, 22 de septiembre de 2014

Tercera parte. Nueve. 6

El silencio en la capilla solo era perturbado por la respiración entrecortada de Juan, seguramente debido a alguna pesadilla atroz, fruto del devastador encuentro con la deambulante el día anterior. Los demás dormían. O fingían dormir. Pero Bea estaba completamente despierta, desvelada.
–Toni…
El chaval no tardó ni un segundo en responder. Parecía como si simplemente hubiera estado esperando la invitación para hablar.
–¿Qué…?
–¿Piensas alguna vez en todo esto?
–¿Qué es todo esto?
Susurraban, temerosos de despertar a los demás. O quizá de asustarse con sus propias voces si las levantaban demasiado. Las aristas de la bóveda que cubría la cripta brillaban a la luz de las velas como si fueran afiladas hojas de espadas.
–Lo que le pasa al mundo, a nosotros.
Silencio. Toni se tomó un tiempo que a Bea le pareció una eternidad antes de contestar.
–Cada noche, Bea. Cada noche. Antes de dormirme, si me da tiempo, me digo: «¿Qué es esta mierda? ¿Cómo puede un tío con las tripas fuera y sin un brazo seguir andando? Y no uno, en realidad, sino muchos, todos…». Pero no tengo ninguna respuesta… Además, ¿a mí qué?, lo mismo me da. Solo soy un chaval de barrio sin futuro, ni en el mundo de antes ni en éste… No importa quién quiera joderme, el caso es que siempre hay alguien que quiere joderme…
Entonces, Toni se calló, con la etérea sensación de que había hablado en exceso. Con todo, aún tuvo fuerzas para preguntar.
–¿He contestado bien?
–Supongo que sí. Yo tampoco encuentro ninguna explicación… Ni a por qué están los demás así ni a por qué nosotros seguimos vivos. ¿Somos especiales?
–Seguro que sí, no hay más que mirarnos, ¿no?
Bea maldijo entre dientes, tan bajo que Toni, a dos palmos de ella, ni siquiera pudo entender qué decía, pero parecía una renegadora contumaz.
–¡Mierda! No sé cómo, pero tenemos que encontrar una salida, tenemos que seguir adelante, hay que seguir luchando…
De nuevo, silencio. Toni, que daba por concluida la conversación, tuvo de pronto un acceso de rabia, contagiado quizá por la ira de Bea, y las palabras comenzaron a amontonarse en su boca.
–¿Cómo se lucha contra un enemigo insensible al dolor, a la muerte? ¿Cómo se lucha contra quien no tiene miedo, contra un enemigo al que no le importa cuántos de ellos caen, con el que no puedes dialogar o establecer una tregua? ¿Cómo se lucha contra un enemigo ante el que tu única alternativa es huir o morir? …Dime, ¿cómo se lucha contra ti mismo?


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