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domingo, 17 de agosto de 2014

Tercera parte. Ocho. 2

Territorio apache. Koldo lo había descrito a la perfección. La sede de Presidencia del Gobierno Vasco estaba justo a unas pocas manzanas de Medizorrotza, es decir, en el mismo agujero del culo del infierno. Esa zona herviría en aquellos momentos de cuerpos a medio pudrir deambulando en busca de algo que llevarse a la boca, algo fresco, o lo que era lo mismo, carne humana viva… A pesar de la tremenda batalla de esa mañana en los alrededores de la vía, no serían más de unos pocos centenares los muertos que habían abatido. El resto, no importaba cuántos fueran, si diez mil o cuarenta mil, estarían dando vueltas en las proximidades del estadio que el loco de Luis había abierto de par en par el día anterior. Bonito panorama.
Cuando Toni había insistido en ir a la Zona de Evacuación de Valladolid para encontrar supervivientes y ayuda, Bea no le veía mucho futuro al asunto, pero había accedido a llevar allí al chaval. Ahora, era ella la que se empeñaba en buscar algo, un rastro que les sirviera de apoyo en aquel mundo de mierda en que se habían convertido sus vidas. Y arrastraba tras de sí a Toni, o él iba voluntariamente, qué importaba… De cualquier forma, y fuera cual fuera el resultado de su aventura, sentía que debía ir, que quizá no había marcha atrás, que probablemente allí acabarían muertos, o peor, medio muertos, ¿o no eran eso en realidad aquellos repugnantes seres ávidos de carne humana?
–Bueno, puesto que no parece que vayáis a entrar en razón, me uniré a vuestra locura.
Bea, aunque no lo esperaba, había deseado con todas sus fuerzas durante los últimos diez minutos que Koldo apoyara su decisión. Parecía que sus ruegos habían tenido éxito.
–¿Estas seguro?
–Claro, ¿qué otra cosa puedo hacer? ¿Dejar que vayáis los dos solos a una zona que no conocéis en medio de una marea de cabrones? No duraríais ni media hora, y eso si os quedabais en el coche…
–Resulta, vasco de mierda, que sí conocemos la zona, y que sí hemos durado varios meses, y además sin tu inestimable ayuda ni nada… –Bea había respondido sin pensarlo ni un solo segundo, pero inmediatamente se arrepintió de sus hirientes palabras. La cara de Koldo reflejaba tanta sorpresa como desilusión, y sus ojos tenían un brillo peligroso. Tanto, que Toni puso la mano sobre el mango del hacha… –. Disculpa, no sé que me ha pasado… De verdad, perdóname… estamos en deuda contigo y voy y te hablo así… Sabes que no son esos mis sentimientos, y menos hacia los vascos…
Koldo apagó el fuego de su mirada, y encerró en el desván de su cerebro la ira que se le había bajado a las mejillas. Sabía la tensión que la enfermera maketa acumulaba, e intuía algo más que no le habían contado, y, sobre todo, la situación en que se encontraban. Todos. Además, se tenía por un vasco razonable, un buen vasco…
–Bueno, neska*, no tiene importancia… Todos estamos nerviosos… Es normal… Pero insisto: ¿me permitís que os acompañe? –Koldo no abandonaba su sutil ironía ni siquiera cuando estaba a punto de perder la buena educación que le caracterizaba…



* Muchacha, en vascuence.


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