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viernes, 15 de agosto de 2014

Tercera parte. Ocho. 1

–Es una locura… Precisamente esa es ahora la zona cero: está infestada de ibiltari.
–Da igual. Voy a ir.
–¿Por qué? ¿Por qué ese empeño?
Bea miró a Koldo fijamente. Dudó entre responder, contarle cualquier patraña, o callarse. Optó por lo primero. Tampoco había nada que ocultar…
–No tenemos otra cosa… ¿tienes tú algo mejor?
–Yo qué sé… aquí está mi gente… Bueno, ahora son mi gente… No me quedan ganas de más aventuras, ¿sabes? Lo único que quiero es un rincón para dormir sin sobresaltos…
–Entonces no tienes nada para ofrecerme. No sabes de lo que hablo…
Se puso en pie, resuelta a salir del vestuario para emprender la marcha. Todavía no sabía cómo iban a ir, ni si irían todos los del grupo, ni si encontraría algo… Ni siquiera sabía si regresarían… Pero iría. Seguro.
Toni entró en ese momento. Estaba limpio, olía a jabón, y lo único que denotaba desaliño en él era su pelo largo, rebelde. Preguntó a Bea con una mirada encendida. El vasco no le caía mal, después de todo, pero no acababa de fiarse.
–¿Qué pasa?
Koldo no le prestó demasiada atención. Estaba enfrascado en la discusión con esa testaruda chica de Valladolid, más terca que media docena de vascos… Pero, entonces, pensó que quizá el chaval pudiera influir en su ánimo. Si a él no le hacía caso, a lo mejor podría convencer al chico para evitar que fueran a la Lehendakaritza. Tenía que intentarlo, al menos.
–Toni, Bea quiere adentrarse en territorio apache para llegar a la fuente del mensaje que habéis escuchado por la radio. Tú sabes tan bien como yo que las probabilidades de encontrar a alguien con vida allí son nulas, porque, en caso contrario, ¿por qué dejar un mensaje grabado emitiendo a intervalos regulares?
–Si… eso tiene sentido –reconoció Toni.
–Pues díselo tú, porque a mí no quiere hacerme caso…
–Te he dicho que vamos a ir… –se volvió hacia Toni, cogido en medio de la discusión–. Al menos yo voy a ir.
–No creo que quieras ir sola… –le apoyó el chico.
–Escuchad… estáis locos los dos… ¿Qué os empuja a ir? ¿Un mensaje de radio grabado? Eso no es nada, no significa nada, y lo sabéis. Solo es un mensaje grabado, un puto mensaje que no dice nada más que lo que veis a vuestro alrededor –Koldo hizo un gesto amplio abarcando con su brazo la totalidad del espacio–. Esto es Vitoria, esto es la ciudad segura del mensaje… y ahora no tanto, al menos desde ayer… No hay nada más.
–Sí que lo hay. Tiene que haberlo. Y voy a encontrarlo…
Salió con paso resuelto. Toni la siguió. Se encogió de hombros mientras le dirigía una mirada de circunstancias a Koldo. «Ella está al mando», parecía estarle diciendo…


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