No quería
hacer ruido, de modo que dejó para el final la preparación del medio de huida.
Lo más urgente era sacar a Bea y a las demás de allí. Cruzó rápidamente el
patio hasta llegar al pabellón del gimnasio, en cuyos vestuarios se habían
encerrado los soldados, junto con las mujeres. Empujó la puerta lentamente...
Estaba abierta. Un ligero chirrido inundó la estancia, débilmente iluminada por
la luz matutina que se filtraba a través de los altos huecos de las ventanas.
Parecía un paisaje surrealista, una naturaleza muerta grotesca y atroz, salida
de los pinceles de algún pintor loco. Todas las mujeres estaban juntas, en un
rincón del vestuario, al lado de las taquillas metálicas. ¿Todas? Bea no...
La mirada
de Toni se dirigió entonces, directamente, a la escena central, que focalizó
toda su atención. La enfermera, de espaldas a él, desnuda y ensangrentada,
estaba sentada a horcajadas sobre el cuerpo inerte de un soldado tendido en el
suelo. Los demás, cumpliendo el vaticinio de Fiti, estaban inconscientes, totalmente borrachos, despatarrados
sobre los bancos de madera o directamente en el suelo, entre toallas sucias y
botellas de alcohol vacías… Parecían depravados faunos, exhibiendo sus inmundos
atributos tras una orgiástica noche en el bosque… Toni avanzó hacia el centro
del vestuario.
–¿Bea…?
La joven
no se volvió. Sus oídos oyeron perfectamente la voz de Toni, pero su mente
estaba en otro lugar, en otro asunto... Sabía que del chaval no iba a venir
nada malo. Hasta la noche anterior quiso creer que incluso podía esperar algo
bueno de él. Pero, de todas formas, sabía que no tenía por qué temerle. Por eso,
no se giró cuando le oyó llamarla; por eso, no se movió. Siguió sujetando con
ambas manos el cuchillo que acababa de hundir hasta la empuñadura en el estómago
del sargento, recreándose en la reacción del despreciable tipo. Miraba como
hipnotizada la expresión que estaba dibujándose en el rostro del militar a
medida que recobraba el sentido… Cuando fue por fin consciente del enorme
boquete que el giro del cuchillo provocaba en su cuerpo, desgarrando sus
vísceras, matándolo, la borrachera desapareció de golpe, y fue sustituida por
una mezcla de rabia, dolor, y horror infinito, ante la certeza de lo que le
esperaba, de lo que ya le estaba ocurriendo…
–Bea,
joder…
Toni
quería hablarle, deseaba decirle cuánto lo sentía, cómo él mismo se despreciaba
por no haberla podido ayudar la noche pasada… quería decirle todo eso, pero no
encontró palabras. Pasó de largo a su lado, y cogió de la mano a Sara, que
estaba semiinconsciente, apenas tapada por una toalla de color indefinido que
un día fue caqui, sujetada por una de las dos mujeres caníbales. Le costó
incorporarla, pero lo consiguió. Después espabiló a las mujeres, y les rogó que
se dirigieran a la salida sin hacer ruido. De camino a la puerta, recogió las
armas, que los soldados habían dejado descuidadamente en el suelo.
Cuando se
aseguró de que todas estaban fuera, volvió al interior, a por Bea. La chica
seguía sobre el cuerpo del sargento, contemplando impasible cómo se le escapaba
la vida, mientras seguía haciendo fuerza sobre el mango del cuchillo de
combate, cuya punta, después de atravesar completamente todos los órganos y
tejidos, arañaba el suelo de madera tras asomar por la espalda del militar.
Uno de los
soldados abrió entonces los ojos, y a través del velo aguardentoso de la noche,
pareció, por un instante, darse cuenta de la situación. Intentó incorporarse,
pero Toni, con los nervios a flor de piel, cerró su dedo índice sobre el
gatillo del fusil que empuñaba. La bala de grueso calibre impactó en el hombro
del soldado, tumbándolo y sumiéndolo de nuevo en la inconsciencia. Pero el
efecto de la detonación, convertida en tremendo cañonazo en el interior de
aquel espacio cerrado, fue justo el que Toni no quería. Los demás soldados comenzaron
a salir, aunque a cámara lenta, de su coma etílico. El chaval agarró a Bea por
el brazo, tratando desesperadamente de transmitirle la urgencia de la situación.
–¿Qué?
–gritó, casi ladró secamente, la joven con rabia, al sentir el tirón de Toni.
Bea giró
la cabeza, volviéndose amenazadoramente hacia Toni con el cuchillo
ensangrentado que acababa de extraer del cuerpo ya sin vida del militar. Al ver
el rostro implorante del joven, salió del aparente estado de estupefacción en
que estaba, y comprendió, entonces, lo que ocurría a su alrededor. Se levantó,
escupió al sargento en la cara, y se dirigió junto a Toni hacia la puerta.
En el
corto recorrido que había hasta la salida, Bea, sin saber por qué, recordó
confusamente un par de casos de fallecimiento en la Zona de Evacuación 47 no
debidos, al menos en principio, a la enfermedad
que había exterminado a casi todo el mundo. Ella, como enfermera, había asistido
al terrible proceso: el primer caso fue una mujer con obesidad mórbida que había
muerto por un infarto, y el segundo, un pobre diablo depresivo que se suicidó
metiéndose bajo las ruedas de un camión militar. Siguiendo el estricto
protocolo preventivo, ambos cadáveres habían sido puestos en cuarentena,
aislados y custodiados por soldados armados. Pero, en los dos casos, ni
siquiera hubo tiempo a hacerles la autopsia, porque, cuando el equipo médico
del que Bea formaba parte se preparaba, sin haber transcurrido situiera una
hora desde el fallecimiento, los muertos regresaron.
No habían sido mordidos, no estaban aparentemente contagiados, sus fallecimientos
podían considerarse normales, dadas
las circunstancias, y, sin embargo, resucitaron… Nadie supo explicarlo, y no
volvió a morir nadie más en la Zona
47.
Esos
recuerdos tenía Bea en la cabeza mientras atrancaban la pesada puerta desde
fuera, impidiendo que nadie pudiera salir del vestuario. Una leve sonrisa se
dibujó en el rostro de la enfermera cuando, finalmente, fue consciente del
significado de esos episodios que habían acudido a su pensamiento... No era mal plan: seis tipos medio borrachos, aterrorizados e incapaces de defenderse, en
compañía de un sargento que en pocos minutos regresaría para darse un festín, y
luego todos juntos gimiendo allí dentro hasta el fin de los tiempos…
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