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domingo, 11 de mayo de 2014

Segunda parte. Siete. 1

Solo estaban alimentándose. Cinco figuras recortadas a contraluz, bajo el ventanal del bufete de abogados de la calle Muro. Las cinco arrodilladas en el suelo, tomando cada una su porción de proteínas, comiendo… Emitían sordos y pequeños ruidos al masticar con ansia la carne y los tendones, y al roer los huesos hasta dejarlos completamente mondos. Entre las figuras, inerme, un cuerpo tendido sobre la tarima, con el paquete intestinal fuera del abdomen, servía al mismo tiempo de mesa y de alimento para el pequeño grupo de comensales, trágicamente concentrados en tan provechosa tarea, sin levantar la cabeza, sin mirarse, absortos en el proceso de ingesta.
No cabía duda de que el sujeto con las tripas al aire estaba completamente muerto. En el resto, en el grupo que participaba en tan tétrico banquete, quizá un observador imaginativo habría podido intuir, pese a la atmósfera en penumbras en que se desarrollaba la escena, rasgos de la más absoluta inhumanidad, teniendo en cuenta, sobre todo, que ninguno de ellos estaba aún muerto. ¿O tal vez sí?

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