Día
ochenta y siete. Habían pasado la noche juntos, en la cama de Bea. Solamente
habían dormido. La joven estaba demasiado asustada y sensible para permanecer
sola, y le había pedido a Toni que la acompañara. Solo eso. Para Bea era
suficiente, y él no tenía pensado en absoluto incomodarla. Al contrario, el
joven estaba dispuesto a hacer cualquier cosa que estuviera en su mano para ahorrarle
toda la mierda que pudiera.
El sol
alumbró un espléndido y luminoso día de noviembre… En otras circunstancias
habría sido estupendo para dar un paseo, o ir a pescar, pero la gente que había en la calle hacía que
cualquier plan pasara por contar con ella antes. Toni inspeccionó la casa de
nuevo, por si los días anteriores se les hubiera pasado algo por alto. Pero no
hubo novedad. Nada reseñable. Y, por supuesto, nada aprovechable. Hizo balance
de sus reservas.
–Bueno, no
puedo decir que estemos mucho peor que ayer. Si acaso que ya casi no nos queda
agua, y apenas unas pocas latas de atún…
Se
lamentaba por todo lo que había tenido que dejar en la mochila, y más aún por
lo que había en la cochera y en la propia casa, agua y comida enlatada en
abundancia, además de un montón de buenas herramientas, de las que solo pudo
coger el hacha… Claro que siempre podía volver allí a por algunas cosas… si
eliminaba a las decenas de deambulantes que andarían inspeccionando toda la
casa y los alrededores.
–¿Qué
haremos, Toni?
–¿Qué?
Pues lo mismo que ayer: salir zumbando. Solo que hoy sabemos que tenemos un coche que anda. Así que, bien mirado, es
toda una ventaja, ¿no?
–Pero casi no
nos queda agua ni comida…
Toni
reflexionó durante unos instantes. Se rascó la cara, con barba de varios días.
No es que fuera especialmente piloso, pero sí tenía la suficiente como para que
le picara… En su rostro se dibujó un principio de sonrisa al imaginar cómo se
vería con barba y bigote…
–Sí. Y es
una lástima. Sólo pensar en todo lo que había allí… Supongo que otros chalés
también deben de estar bien surtidos… ¿Tú que crees?, toda esta gente, tus
vecinos, digo, eran de pelas, ¿no?
–Pues…
–Bea se lo pensó un momento antes de responder. No quería herir los
sentimientos de Toni, pero, por otra parte, tampoco estaban en situación de ser
hipócritamente educados–. Sí. La verdad es que sí. Aquí nadie estaba descalzo.
Quizá mis padres fueran de los más humildes,
y ya ves qué casa…
–Pues,
entonces, quizá deberíamos dar una vuelta por ahí…
–¿Estás
loco? ¿Con esas cosas por todas partes?
–Bueno, no
están por todas partes. Además, son más torpes de lo que pensamos. Nos acojona
su aspecto, claro, y si nos muerden… vamos jodidos, pero con un poco de cuidado
es difícil que te cojan. Lo principal es evitar que te rodeen, porque entonces
sí que estás listo…
–¡Uf,
Toni! Hablas como si fueran solo muñecos, peleles a los que esquivar… si
supieras tan solo cómo me sentí ayer cuando, cuando… Y en Valladolid, durante
el trayecto del hospital a la Zona de Evacuación… Fue horrible. No sé cómo
puedes decirlo con tanta tranquilidad…
Toni, inquieto,
paseaba por el comedor. Habían encendido la chimenea. Total, afuera ya sabían que estaban allí, así que el humo
era lo de menos, y no les vendría mal subir unos grados la fría temperatura de
la casa.
–No te
creas, no estoy del todo tranquilo.
Pero ya me las he tenido que ver con ésos bastantes veces en estos meses. Y,
créeme, acabas por perderles el respeto, de lo tontos que son… Peligrosos, pero
tontos.
En
realidad, el chico distaba mucho de sentirse como aparentaba. Él lo sabía, y
Bea también lo sabía. Pero ese juego parecía estar dando buen resultado hasta
el momento, de modo que Toni prosiguió con su desparpajo y el falso aire de
suficiencia que había adoptado. Sabía de sobra que, aunque lentos, no eran
precisamente torpes, y el más tonto de los deambulantes podía terminar con su
vida en un segundo si le daba la oportunidad. Si uno te atrapaba, era letal.
–¿Y no
podríamos, sencillamente, montarnos en el coche y marcharnos? –había un claro tono
de súplica en la pregunta de Bea. La joven estaba ansiosa por salir de allí,
por alejarse del Coto, de su casa, de su madre…
–Esa es la
parte facilona. ¿Por qué crees que dejé el coche así? Pero, si nos vamos con lo
puesto, habrá que parar en cualquier otro sitio para conseguir comida y agua, y
eso significa exponernos, porque estaremos en inferioridad… En cambio, aquí, a
pesar de todo, y de nuestros vecinos, sabemos por dónde nos movemos. Y sabemos
más o menos qué podemos encontrar ahí afuera. No. Creo que haré otra excursión…
–Pero,
Toni, ¿adónde vas a ir? No pensarás dejarme otra vez sola, ¿verdad?
–No sé,
chica. El caso es que entre los dos podríamos coger muchas más cosas… Pero si
nos encontramos con algún amigo de esos…, no sé si es buena idea…
Bea
pareció encontrar por momentos el coraje del que había carecido hasta ese día.
Quizá todo lo que había pasado la había convencido de que no podía seguir
siendo, o pareciendo, una señorita bien educada que nunca suelta tacos. Si
quería sobrevivir, debía reaccionar. Ahora no estaba en Valladolid, protegida
por militares profesionales que sabían su oficio. Toni no era un soldado. Solo
era un chico, un adolescente probablemente más asustado que ella misma pero con
una gran capacidad de adaptación y, además, con mucho valor. Podía provenir de
un origen humilde, incluso puede que fuera un delincuente en potencia, pero era
valiente, decidido, y había arriesgado su vida por ella. Y lo sabía. No podía
seguir jugando a las muñecas, a médicos y enfermeras. Era una mujer adulta, más
que él, al menos, y debía ejercer como tal. Debía colaborar.
–Escúchame,
chaval. Vamos a ir los dos, ¿vale?
Toni se
sintió sorprendido por la seguridad y el aplomo de la enfermera. El caso es que
lo deseaba desde hacía tiempo. No le gustaba el papel de tutor ni el de niñera, y una
mujer histérica y asustadiza solo podía causar problemas. Pero ese repentino
cambio de actitud… Antes de que pudiera poner objeciones o decir cualquier
cosa, Bea continuó hablando con gran resolución.
–Además,
yo conozco bien todo esto. Seré tu guía, no un estorbo. Y descuida, que si hay
que partirse la cara, te dejaré ser el primero…